sábado, 16 de abril de 2016

Austeridad y Refugiados



Han pasado cuatro años desde que jefes de Estado y de gobierno de la Unión Europea firmaron el Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza o TECG. Aquel gran acuerdo se producía en el marco de una Unión económicamente agónica, como resultado de la crisis financiera de 2008. Ese fue el inicio de la unión fiscal, de lo que conocemos comúnmente como austeridad. Las actuales turbulencias deberían llamar nuestra atención sobre las consecuencias de una política presupuestaria, que podríamos calificar de distópica. 

Atender necesidades extraordinarias, y por otro lado inaplazables, exige el desembolso de una cantidad adicional de dinero que rompe necesariamente el principio de la disciplina fiscal. Jean-Claude Juncker, Presidente de la Comisión Europea, prometió a finales de 2015 excluir del cómputo de déficit los gastos derivados del auxilio a los refugiados. De esta medida extraemos una preocupante conclusión: los recortes sistemáticos son incompatibles con la defensa de los Derechos Humanos. Todos reconocemos la vigencia de textos fundamentales como la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 o la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951, sin embargo, la puesta en práctica de estos principios requiere una fuerte inversión. Empezamos a tomar verdadera conciencia de ello cuando en 2001, al calor de la Directiva de aquel mismo año, creamos un Fondo Europeo para los Refugiados. Es fácil adivinar que dicha previsión se ha visto desbordada. Antes de firmar los primeros acuerdos con Turquía, Europa necesitaba encontrar 2.300 millones de euros para poder dar cumplimiento a sus obligaciones humanitarias. El último plan económico del que tenemos noticia está dotado de 700 millones de euros, fue creado por la Comisión Europea y debe ejecutarse hasta 2018. No obstante, estas cantidades quedan muy por debajo de los 6.000 millones comprometidos con Turquía.

Necesitamos revisar nuestros horizontes presupuestarios, hacerlos más flexibles, más realistas, pues las crisis migratorias no se pueden prever ni tampoco ignorar. Pensemos por un momento en Grecia, un país enfermo que había hecho del gasto público excesivo uno de sus pilares económicos, y que desde 2010 es objeto de rescates nocivos. Los despidos de funcionarios, la bajada de salarios y pensiones, la destrucción de empleo y las privatizaciones forzosas que hoy se siguen sucediendo, nos hablan de un Estado absolutamente replegado, maniatado para poder tomar iniciativas que vayan más allá del pago de su deuda. En tales circunstancias, ¿Cómo atender adecuadamente a los refugiados que llegan a Lesbos, Samos, Quios, Leros y Kos? ¿Con qué clase de fondos se podría evitar el hacinamiento de Idomeni o del puerto del Pireo? A pesar de todo el austericidio sigue su propio camino, la reciente propuesta de elevar el IVA griego del 23% al 24% se hace para satisfacer una nueva exigencia del FMI no de ACNUR. En resumidas cuentas, un país cuya deuda pública podría alcanzar el 200% de su PIB en 2017 pierde toda capacidad de atender las necesidades básicas. Ni siquiera la participación de la OTAN en la patrulla del Egeo, ha sido incapaz de conseguir que hasta 1.600 personas llegasen en un solo día a Grecia. Con todo lo que hemos visto ¿Qué sentido tiene seguir presionando las economías de los países receptores?.

El reconocimiento de un derecho conlleva la responsabilidad material de llevarlo a cabo, y debe ser una obligación tan vinculante como la de cualquier tratado europeo. La globalización no sólo permite mover capitales a grandes distancias, incluida Panamá, sino que atrae con la misma facilidad a víctimas de incontables injusticias. De un tiempo a esta parte, Siria, Irak, e incluso Afganistán han dejado de ser lugares remotos. Así, la disponibilidad de fondos es una condición esencial para reforzar nuestra aspiración de sociedades libres y solidarias. No puedo sino sentir envidia con la efectividad con la que Canadá ha podido financiar la acogida de 25.000 refugiados. Sus condiciones de partida son diferentes, de acuerdo, pero después de todas las recetas que venimos aplicando desde 2011 y 2012, deberíamos haber conseguido un futuro mejor, no solo para nosotros mismos sino para los que recurren a nuestra protección.

(*) Jaime Aznar Auzmendi. Voluntario del Paris 365. Historiador y analista.

sábado, 9 de abril de 2016

Los refugiados en Europa



En los últimos meses, hemos asistido a la llegada de centenares de miles de personas, que han llegado a la Unión Europea huyendo de la guerra, los bombardeos, el hambre y la barbarie.

Está siendo el mayor movimiento de población, desde la segunda guerra mundial. Familias que con sus hijos e hijas, dejando el horror atrás y tratando de buscar asilo, jugándose la vida, llegan a las costas europeas, para perder allí su última esperanza. Cabe recordar que el año pasado murieron treinta mil personas en el Mediterráneo y el mar Egeo, tratando de llegar a Europa. Hemos podido ver en qué condiciones han estado,  bajo la lluvia, en barrizales, en la más absoluta miseria.

¿Y cuál ha sido la respuesta de la  Unión Europea? Una respuesta indigna, ya que por un lado, no ha acogido a los refugiados a los que se comprometió acoger, cuando la sociedad civil, Ayuntamientos y Gobiernos Autonómicos han preparado la estructura y los planes de acogida. Por otro lado, un acuerdo de seis mil millones de euros con Turquía, un acuerdo en el que pagamos y nos olvidamos, un acuerdo en que se devuelven seres humanos sabiendo que dicho país está machacando al pueblo Kurdo. El acuerdo de la vergüenza que vulnera la Carta Internacional de Derechos Humanos, la carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea y la Convención de Ginebra para los Refugiados. El hecho de que sólo los que posean nacionalidad siria puedan optar al asilo, es una discriminación por nacionalidad. Sumando el intento de criminalizar a los refugiados y refugiadas, extendiendo la idea de relación entre refugiados y delincuencia, refugiados de primera y segunda, etc… siendo el germen del racismo y la xenofobia. Mostrando la cara más insolidaria de los pueblos.

Tampoco deberíamos olvidar la necesidad de actuar sobre el conflicto bélico, causante de los desplazamientos masivos y preguntarnos sobre el papel de Europa y los países que han armado y están armando al issis. 

¿Cómo es posible que en la Unión Europea se lleguen a acuerdos para rescatar bancos y no se aborden las causas que provocan los desplazamientos forzados? Debería  acordar programas de reasentamiento y hacer un reparto equitativo y solidario entre todos los estados, activar los mecanismos para hacer frente a las emergencias humanitarias, entre otras muchas acciones, que tanto organizaciones humanitarias, como movimientos sociales y los ciudadanos y ciudadanas están reclamando.

En definitiva, el acuerdo Euro Turco abandona los valores que configuran Europa como un espacio común de libertad y justicia.

(*) Carmen Rubalcaba. Administrativa. Voluntaria del Paris365. Miembro del Consejo Político de Izquierda Unida Navarra. Concejal por Izquierda Ezkerra en Zizur Mayor y Presidenta del Área de Igualdad de dicho Ayuntamiento.

lunes, 4 de abril de 2016

Primavera Árabe-Invierno Europeo.


Hace tan solo cinco años asistíamos, entre sorprendidos e ilusionados, al nacimiento de “la primavera árabe”. Sorprendidos, al ver como se extendía rápidamente por países como Túnez, Libia, Siria, Egipto, Yemen, etc. Ilusionados, por ver que ese movimiento popular podría acabar con gobiernos o regímenes que no respetaban derechos mínimos o estaban perpetuados en el poder a lo largo del tiempo. Sorprendía sin embargo que dicha primavera no afectase a otros países como Arabia Saudí, Marruecos, Kuwait, Emigratorios, etc, gobiernos tan o más dictatoriales y negadores de la democracia que los anteriores.

Sin duda, esto ocurría porque detrás de la denominada primavera estaba la mano promotora y potenciadora de EEUU y Europa, que como siempre, buscaba mejorar sus intereses geopolíticos y sobre todo económicos centrados en el petróleo, pero también en minerales estratégicos de alto valor e importancia tecnológica. Para conseguir estos objetivos requerían de gobiernos más flexibles, más sometidos al control occidental y más amigos políticamente.

Tras cinco años, el resultado no puede ser más desastroso. Oriente Medio ha saltado por los aires, todos y cada uno de esos países están inmersos en conflictos internos con cientos de miles de muertos y el nacimiento del Integrismo Islámico en forma de Estado propio. Sociedades enteras, a las que se les prometió la “primavera”, han sido arrasadas. En esa primavera han perdido todos sus bienes, sus derechos y han sido abocadas al destierro. Millones de mujeres, niños/as, hombres han tenido que abandonar sus casas e incluso país y convertirse en refugiadas como única forma de escapar de una mas que probable muerte.

Occidente, EEUU, Europa son responsables directos de esta situación. Fueron los incitadores, manipuladores y quienes sostienen militarmente, todavía hoy, todos los conflictos en Siria, Egipto, Libia, Iraq, Yemen, Afganistán, etc. Su participación directa en las guerras mediante los bombardeos masivos, el suministro de armas o él envío de tropas es lo que permite que estas guerras se prolonguen y que cada día generen miles de muertes y decenas de miles de nuevos refugiados.

Desde el verano pasado la Unión Europea está siendo directamente interpelada por cientos de miles de refugiados, principalmente Sirios, que buscan refugio y protección dentro de nuestras fronteras. Esta nueva situación, a la que no estábamos acostumbrados, ha hecho tambalearse los débiles cimentos humanitarios, solidarios y democráticos sobre los que se ha construido la unión europea, y a la primera de cambio ha sacado su cara más oscura, fría, economista, conservadora y incluso xenófoba que estaba oculta detrás de un falso ejemplar modelo.

Europa está perfectamente preparada para poder atender humanitariamente  a los cientos de miles de refugiados que, jugándose la vida en el Mediterráneo con 4.000 personas ahogadas, intentan llegar buscando asilo como única alternativa a su situación. Europa y el Estado Español, tienen la obligación moral, ética y solidaria de atenderles dignamente y darles asilo. Ello, es además perfectamente posible sin que suponga un quebranto en nuestro cómodo modo de vida. Negar la capacidad del Estado Español para atender a 30.000 refugiados o a Navarra para hacerlo con 400, además de ser falso, es, no querer hacerlo y no atender lo que además de una urgencia humanitaria es una obligación moral y solidaria.

Desgraciadamente, después de ocho meses desde que esta tragedia entro de lleno en nuestras vidas, nada se ha hecho. Salvo loables excepciones de algunos países que han asumido su cupo de responsabilidad, las instituciones europeas han preferido llenar las fronteras de alambradas, cercar a los refugiados y abandonarles a su suerte en tierra de nadie. Los dirigentes europeos no han sido capaces ni tan siquiera de estar a la altura de países como Jordania, Líbano o Grecia, que con muchísimos menos medios y recursos están acogiendo a millones de refugiados. Europa ha acordado que, junto a las alambradas, policías y deportación, pagar a Turquía, país nada democrático y directamente implicado en la guerra masacrando al pueblo Kurdo, 6.000 millones de €, cantidad  tanto o más de lo que costaría atender en condiciones dignas a los refugiados, para que impida mediante la represión y la fuerza que esos cientos de miles de personas puedan salir de Siria y entrar en Europa y si lo consiguen sean deportados.

Ha tenido que ocurrir un drama humanitario de estas dimensiones, para que la Unión Europea y sus instituciones queden al descubierto y muestren su cara más real. La cara del miedo, la frialdad calculada, la insensibilidad frente al sufrimiento, la falta de humanidad ante las personas, el egoísmo frente a la solidaridad y el racismo sobre la igualad. La gravedad que este comportamiento  conlleva es de tal magnitud que, el cuestionamiento de la humanidad, democracia y ética de las sociedades europeas, resulta totalmente justificada. Es por ello, que solo una reacción social y civil contundente puede y debe dar la vuelta y poner fin a esta situación.

La sociedad Navarra, la de Estado Español, la Europea, debemos reaccionar y hacerlo con urgencia. Esa reacción debe ser contundente como única forma de poder doblegar las posiciones políticas y oficiales imperantes y puestas en marcha. Debemos reaccionar ya porque los cientos de niños, mujeres y hombres que están demandando refugio y sufren las consecuencias de la negativa no puede prolongar ese sufrimiento y además no se lo merecen. Debemos reaccionar porque cada día se incrementa en decenas de miles el número de personas que mueren ahogadas en el Mediterráneo, o lo hacen en los campos de afinamiento. Debemos actuar con contundencia porque necesitamos obligar a los estados y sus dirigentes a poner fin a las guerras que han generado y sigue generando tanto dolor y muerte. Porque no podemos seguir soportando que convivan en paralelo el drama de los refugiados y los bombardeos Europeos, Rusos o de EEUU que los provocan.

Nuestro modelo de sociedad, nuestros principios democráticos, nuestra ética humana y nuestra visión solidaria e igualitaria del mundo nunca han estado tan cuestionados como lo están siendo ahora y solo nosotros/as, las personas, podemos salvarlos. Para ello estamos obligados a salir a la calle ya. Salir para demostrar que somos diferentes de quienes nos gobierna y que nos parecemos mucho mas  a quienes sufren y nos están pidiendo ayuda.

(*) Socio del Paris 365. Militante de izquierdas y abertzale. Parlamentario de NA-BAI entre el 2003-2015


                                                      

jueves, 17 de marzo de 2016

Migración en Hungría


Las políticas migratorias húngaras están en contra de la llegada de refugiados del Medio-Este. Primero que todo, en el verano del 2015 ellos lanzaron una campaña de pancartas públicas muy agresivas, que anunciaban por ejemplo: “Si vienes a Hungría, no podrás tomar los trabajos de los húngaros” y además esta campaña fue lanzada en húngaro, haciendo imposible que los refugiados las pudieran entender. Esta acción ha generado un comportamiento de rechazo, generalizado en la sociedad, en contra de todo el fenómeno migratorio. 
A través de estas comunicaciones gubernamentales, han transmitido a la sociedad húngara la idea de que los refugiados solo traerán a Europa terrorismo, antisemitismo y homofobia. Pero irónicamente los partidos políticos en el parlamento húngaro tampoco aceptan la diversidad de razas, ni las diversidad sexual. 

La ola migratoria creció y creció durante el verano del 2015 y al final el gobierno decidió  cerrar los fronteras incluso en contra de la voluntad de la Unión Europea. Después países como Croacia y Eslovenia siguieron de lo mismo pasos y también cerraron sus fronteras. 

El gobierno no aceptó las cuotas de refugiados para cada país propuestas por la Unión Europea. Estas cuotas fueron calculadas de acuerdo a la totalidad de la población húngara, que significa 1294 refugiados en total. El gobierno está planeando organizar un referendo con la siguiente pregunta: ¿Está Usted de acuerdo en que la Unión Europea envíe refugiados al territorio húngaro sin el visto bueno del parlamento?

Al analizar la pregunta la encuentro muy provocativa y demasiado general. En mi opinión lo que el gobierno busca con el referendo, es esconder otros problemas como el precario sistema de salud y los problemas del sistema educativo.

Sin mencionar que el referendo busca cuestionar algo que no es ni siquiera  es competencia del parlamento. Ya que hace referencia a una demanda de la Unión Europea. 

La semana pasada se generó un debate entre diferentes entidades gubernamentales sobre si el gobierno puede hacer el referendo o no. La cual ha llamado la atención de los medios de comunicación. En ese orden de ideas según mi opinión el gobierno está logrando su cometido de llevar la atención de la sociedad hacia este problema.

A día de hoy todavía no hay una solución para resolver los problemas del sistema migratorio y junto con la primavera se han comenzado a acumular en las fronteras el número de refugiados.

¿Que deberíamos hacer? ¿Cual debería ser la solución más correcta? ¿Deberían seguir discutiendo sobre si hacer o no un referendum (el cual ni siquiera es competencia del parlamento húngaro)? ¿O deberíamos buscar una solución de verdad?.

(*) Voluntaria Europea en el Paris 365. Hungría